Cómo Superar la Insatisfacción en el Entrenamiento

insatisfecho

Todos nos hemos encontrado, en algún momento de nuestra vida, con una situación en la que nos sentimos desmotivados con respecto a alguna actividad que llevamos realizando desde hace cierto tiempo. Por lo que sea, ésta nos ha dejado de llenar, se nos empieza a hacer rutinaria o simplemente no encontramos la motivación suficiente para seguir adelante.

Esto es muy habitual en el mundo del deporte y del entrenamiento personal. Son pocos los atletas, deportistas y  aficionados al gimnasio a los cuales no se les ha pasado alguna vez por la cabeza tirar la toalla y dejar de entrenar, para dedicar su tiempo y dedicación a otros menesteres.

¿Las razones de este comportamiento? Son muy variadas, la frustración por no conseguir los resultados deseados a pesar de entrenar a diario, la desidia por tener que entrenar duro para alcanzar logros importantes, la falta de ganas de seguir adelante después de algún fracaso, crítica o experiencia negativa o cualquier otra adversidad que se nos pueda venir a la cabeza.

Desde luego, la insatisfacción y la falta de motivación son dos de los grandes enemigos de los deportistas y de todas las personas que tratan de seguir un entrenamiento con cierta asiduidad. No es fácil afrontar estos problemas cuando hacen acto de presencia, pero lo que sí podemos asegurarte es que es posible superar los pensamientos negativos y continuar adelante, tan sólo necesitas recuperar la motivación perdida con un poco de ayuda externa.

El objetivo de este artículo es facilitarte las herramientas que te permitan superar cualquier crisis a la hora de seguir entrenando contra viento y marea, proporcionarte mecanismos de defensa que eviten que te rindas cuando aparezcan circunstancias adversas. No queremos que abandones y por ello, vamos a darte una serie de consejos que te vendrán estupendamente si llega el caso y necesitas echar manos de ellos.

El secreto para obtener resultados: tener un plan

plan de entrenamiento

Gran parte de todos los problemas derivados de un entrenamiento poco satisfactorio provienen de la falta de un plan de trabajo óptimo. Para progresar correctamente es indispensable marcarnos una estrategia de entrenamiento que se ajuste a nuestras necesidades y sobre todo a nuestras cualidades personales.

Mucha gente se queja de que sus músculos no están creciendo tanto como querrían, que no están perdiendo toda la grasa que les sobra o que no están definiendo su cuerpo tanto como les gustaría y, sin embargo, no se paran a analizar cuáles son las razones por las que esto ocurre. Estamos seguros de que en la mayoría de los casos, la falta de resultados óptimos se debe a la falta de un verdadero plan de entrenamiento que se ajuste perfectamente a los objetivos que nos hemos planteado conseguir.

Otra de las principales razones por las que no evolucionamos adecuadamente en nuestro entrenamiento diario es la falta de continuidad: para conseguir resultados favorables debemos ser constantes, debemos entrenar estrictamente y respetar tanto las fechas de entrenamiento establecidas como los periodos de descanso recomendados (tan importante es una cosa como la otra, como ya hemos visto en anteriores publicaciones). Si no somos regulares no podemos pretender que los resultados alcanzados sean óptimos, la base de todo éxito está en seguir una disciplina férrea y en tener una gran fuerza de voluntad, que no nos permita buscar excusas para no entrenar cuando así lo teníamos previsto.

La falta de intensidad también es otro de los motivos que nos conducen al fracaso; de nada sirve estar cientos de horas en el gimnasio si no entrenamos con un mínimo nivel de exigencia, con una intensidad capaz de poner a prueba nuestra condición física y mental. Esto no quiere decir que debas entrenar con pesos demasiado grandes que puedan ocasionarte algún tipo de lesión, sino que trates de entrenar siempre con el peso óptimo, aquel que te permita realizar el ejercicio de la manera adecuada pero que al mismo tiempo te lo ponga suficientemente difícil para que te cueste completar cada serie.

Es difícil encontrar el equilibrio, sobre todo inicialmente, por eso ante la duda es mejor que empieces con pesos ligeramente por debajo de tus posibilidades y ante la más mínima sospecha de que tu cuerpo se ha acostumbrado a realizar un ejercicio con determinado peso, pasaremos a aumentar el peso progresivamente o a realizarlo de una manera distinta a la que veníamos realizándolo. Un ejemplo de esto último, lo encontramos en algunos tipos de ejercicios que pueden llevarse a cabo con mancuernas, barra o con poleas, en estos casos, conviene ir alternando con unas y otras cada cierto tiempo, evitando que nuestro cuerpo se mal acostumbre.

Marcarse metas a corto plazo: otra de las claves del éxito

objetivos a corto plazo

Antes hablábamos de tener una estrategia o plan de entrenamiento adecuado, esto incluye el hecho de asignarnos ciertos objetivos a corto plazo, establecer metas de manera progresiva y hacer todo lo posible para irlas alcanzando una tras otra.

Inicialmente debes proponerte como objetivo cosas medianamente fáciles de alcanzar para conseguir el impulso necesario para empezar y dejarte llevar por la inercia del momento. Sin embargo, es muy importante que vayas subiendo el listón, poco a poco, y te marques metas cada vez más difíciles de conseguir. La clave está en ir aumentando el nivel de exigencia progresivamente, no de golpe, ya que tan malo es exigirse demasiado poco como excedernos con nuestras propias exigencias.

Una vez dicho esto, marca tu siguiente meta y ve a por ella con todo lo que tienes, esfuérzate al máximo y sé constante. Al final, todo ese esfuerzo y tenacidad tendrán su merecida recompensa y sin duda alguna, el propio camino recorrido es un premio en sí mismo, puesto que conlleva todo un aprendizaje interno que nos convertirá en mejores individuos.

La mente sin duda tiene un papel fundamental en todo este proceso. Es sin duda tu mejor aliada pero también tu peor enemigo, es decir, puedes utilizarla en tu favor o en tu contra. Trata de ser positivo y utiliza tu mente para mantenerte siempre motivado, recuerda siempre tus metas y confía en tu capacidad para alcanzarlas. No te fijes en los inconvenientes ni en ningún factor negativo o tu mente te jugará malas pasadas, de todos es sabido que no hay peor juez que uno mismo, así que evita machacarte con comentarios hirientes o desesperanzadores, no sirvern para nada bueno y sólo te alejaran de tu objetivo.

Enfoca tu mente en todo el camino que has recorrido para llegar hasta el punto actual, no en lo que te queda por recorrer, o lo que es lo mismo, valora los logros que ya has conseguido en vez de estar lamentándote por aquello que aún no has logrado. Recuerda que cada paso que das te acerca un poco más a tu objetivo y que cada pequeño avance te conduce directamente a la meta que te has marcado. El conjunto es lo que cuenta y al final, con tesón y paciencia, cualquier sueño o meta que nos marquemos, estará a nuestro alcance. No lo dudes ni un segundo.

La fuerza de voluntad: otro de tus mayores aliados

perseverancia de schwarzenegger

Marcarse objetivos y metas a corto plazo es fundamental pero de nada sirve si no tienes la suficiente fuerza de voluntad como para perseguir dichas metas incansablemente, para no tirar la toalla a las primeras de cambio y para no proporcionarle a tu subconsciente las excusas que necesita oír para rendirse y dar por imposible aquello que te habías propuesto.

La fuerza de voluntad es aquello que te permitirá conseguir cualquier cosa que te propongas, aquella cualidad de tu ser que no te permite dudar de ti mismo ni por un instante. Esta cualidad humana es esencial para emprender toda clase de nuevos proyectos y sin duda, es un factor esencial a la hora de permanecer motivados.

Recuerda levantarte con pensamientos positivos cada mañana y no dejes que el desaliento tome el control de tu vida. Convéncete a ti mismo de que puedes lograr cualquier meta que te propongas, puesto que si tú no crees en ti mismo, nadie más lo hará y, por tanto, te será imposible alcanzar ninguna de las metas que tanto anhelas.

Por muy increíble que te parezca esta afirmación, debes saber que posees todo lo necesario para alcanzar el éxito, en tu interior se encuentra todo el potencial necesario para alcanzar cualquier meta. De hecho, si no la alcanzas es porque realmente no quieres hacerlo o no te lo has propuesto seriamente. La realidad es que somos mucho más fuertes de lo que creemos: nos subestimamos a nosotros mismos. Cuando entendemos esta verdad, no hay reto ni desafío que nos parezca lo suficientemente complicado como para no intentarlo.

Ya hemos comentado que en la mente está la clave: controla tu mente y el resto de tu cuerpo irá detrás. Es la mente la que domina el cuerpo, por tanto, si eres capaz de decidir que no hay nada que no puedas acometer, tendrás al mejor de los aliados a tu lado. Decide qué es lo que quieres conseguir y ve a por ello sin titubear, no dejes que nada ni nadie te diga lo que puedes o no puedes conseguir. Recuerda que sólo tú escribes tu historia, tú creas las condiciones propicias y marcas las pautas que te dirigen hacia el fracaso o hacia el éxito. Elige el camino difícil, el único que merece la pena, el del éxito.

No estar en forma: la típica excusa

excusas vs resultados

Quizá eres de los que quiere ponerse en forma pero apenas haces nada por cambiar su estado físico, salvo quejarse y compadecerse de ti mismo. Recuerda que las quejas y el victimismo no valen para nada, nadie puede ayudarte salvo tú mismo. Si realmente quieres mejorar tu estado de forma tienes que empezar por cambiar de actitud. Decídete de una vez y pasa a la acción, mentalízate de que puedes ser lo que quieras ser y reconoce que si no estás tan fuerte y musculado como te gustaría es porque no lo has intentado con todas tus ganas.

Un ejemplo típico de este tipo de comportamiento es el de aquella persona que sueña con tener unos abdominales de acero (lo que se conoce vulgarmente como tener “la tableta de chocolate”) pero que no hace nada por eliminar toda esa grasa que le sobra y que le impide conseguir resultados óptimos. Se pone a hacer abdominales como un loco y se frustra al poco tiempo porque apenas se reflejan resultados positivos, no se da cuenta de que está empezando la casa por el tejado, que debería hacer más ejercicio aeróbico para conseguir eliminar esa barriga que está ahí, por mucho que no quiera verla. Una vez eliminada esa grasa abdominal que le sobra, podrá seguir con su entrenamiento y acercarse realmente a su objetivo inicial.

El ejemplo de los abdominales es sólo una muestra. Quizá tu problema es que no consigues ganar todo el músculo  que te gustaría tener pero, en vez de buscar las razones por las que esto sucede y corregir los errores de tu entrenamiento, continuas encabezonado en realizar las mismas rutinas, los mismos ejercicios y levantar los mismos pesos. Quizá ni siquiera te has parado a pensar que a lo mejor tienes que mejorar tu alimentación para conseguir resultados más óptimos, cuidar más tu descanso diario e incluso, dejar de entrenar una temporada, si observas que tu caso puede deberse al tan temido “sobreentrenamiento”.

Sea cual sea tu caso, no hay excusas que valgan, lo único que cuenta es que a partir de ahora cambies tu comportamiento y que mejores tu rutina de entrenamiento para llevarla a un nivel más satisfactorio, acorde a los resultados que pretendes obtener. Si no estás en forma, deja de compadecerte y empieza a ejercitarte hoy mismo, no hay tiempo que perder, cuanto antes empieces antes alcanzarás tu mejor versión, así que ¡manos a la obra!

¿Tienes problemas de sobrepeso? Cambia tu alimentación ya

cambiar habitos de alimentacion

El sobrepeso es uno de los principales factores que lleva a muchas personas a los gimnasios o que les empujan a empezar a entrenarse para tratar de perder toda esa grasa que les sobra. Obviamente, empezar a hacer pesas o ejercicio en general es una gran idea pero no basta con hacer sólo eso.

De poco servirá que empieces a levantar pesas en el gimnasio o que salgas a andar una hora cada día si no lo acompañas de un cambio en tu forma de alimentarte, es decir, si no mejoras tu dieta habitual para dejar de comer toda clase de comida basura y alimentos perjudiciales para tu organismo.

Debes concienciarte de que una dieta rica en hidratos de carbono simples y azucares refinados es tu perdición, trata de ir reduciendo al máximo la ingesta de alimentos tales como pasteles, tartas, cereales azucarados, pan blanco, pasta, patatas fritas y fritos en general, embutidos y carnes procesadas, etc. En su lugar empieza a ingerir una mayor cantidad de proteínas de tipo vegetal y animal, consume carne magra de alimentos tales como la carne de caza, ave de corral, pavo o pescado azul e incluye en tu dieta una buena dosis de verdura y frutas.

En el caso de los hidratos de carbono, no debes abusar de ellos, sobre todo de los carbohidratos simples que se convierten enseguida en azúcar y nuestro cuerpo no puede asimilarlos bien, creando una elevada tasa de insulina con todos los problemas que eso puede conllevarnos. Trata de sustituirlos por hidratos de carbono complejos presentes en los cereales integrales y en numerosas verduras y frutas.

Del mismo modo, procura no abusar de los lácteos, contienen lactosa, entre otras sustancias poco recomendables, un tipo de azúcar que provoca muchos problemas a nuestro organismo y que no todo el mundo es capaz de tolerar. En caso de querer seguir consumiendo algún alimento de este tipo, recomendamos el queso de oveja o de cabra, por ser la leche de estos animales menos perjudicial que la de vaca, pero siempre con moderación.

Tampoco se recomienda el consumo de zumos artificiales, ricos en fructosa (otro tipo de azúcar perjudicial), de refrescos y por supuesto, de bebidas alcohólicas. En ese sentido, tampoco recomendamos postres artificiales como yogures, gelatinas, natillas o similares, por la misma razón y porque suelen ir repletos de aditivos que no le hacen ningún bien a nuestro organismo.

Al contrario de lo que mucha gente puede pensar, no conviene comer ningún tipo de alimento “light”, bajo en grasa, dietético o cualquiera de las etiquetas similares que les suelen poner. Para compensar la falta de sabor por quitarles el azúcar, la grasa o aquellas sustancias que le dan cierto sentido a las versiones “normales” de dichos alimentos, les añaden toda clase de edulcorantes, aditivos y sustancias casi más perjudiciales que el propio azúcar o la grasa que han pretendido eliminar.

Este tema daría para un artículo entero y no pretendemos profundizar mucho más, simplemente hemos dado unos pequeños consejos, un ligero esbozo. El lector interesado podrá encontrar más información sobre el tema en artículos anteriores de este blog o en numerosos libros y portales web especializados en nutrición.

Lo importante es quedarse con el concepto de que comer bien es tan importante como hacer ejercicio, así que más nos vale cambiar nuestros hábitos alimenticios para que sean un poco más saludables y dejar de poner excusas para evitar ponernos en forma. Ojala quejarse nos permitiera quemar calorías pero por desgracia no es así, así que será mejor que cambiemos de actitud.

En busca de la transformación continua

transformación contínua

El ser humano, por lo que sea, suele tener verdadero pánico al cambio. Nos resistimos a cambiar, sin importarnos que el cambio pueda ser a mejor en muchos casos. Esto sucede en todas las facetas de nuestra vida y por supuesto, también en todo lo que tenga que ver con entrenarnos o mejorar nuestro estado de forma.

Si nos paramos a pensar en un instante, descubriremos que este miedo irracional no tiene ninguna lógica y no nos conduce a nada bueno. En el cambio está siempre la evolución, la mejora y sobre todo el aprendizaje, así que, aquel que se niega a cambiar, a seguir transformándose, acaba estancado.

Una vez que tenemos esto claro, podemos desechar pensamientos negativos como el hecho de creer que ya somos demasiado mayores como para tratar de mejorar nuestro físico, para ponernos en forma o para estar tan musculados como nos gustaría. Nunca es tarde para empezar de cero, simplemente debemos cambiar nuestra mentalidad e iniciar la transformación.

Hay gente que pone la excusa de la genética para no hacer nada por mejorar. Frases como “lo llevo en los genes”, o “en mi familia tenemos tendencia a engordar” y similares, son la excusa perfecta para abandonarse complemente y echar la culpa a un “tercero” sobre nuestra mala suerte. Lo hacemos con los genes y prácticamente con todo, siempre hay alguien o algo en el mundo que tiene la culpa de nuestras desgracias, nunca somos capaces de responsabilizarnos de nuestro destino, de nuestras propias acciones. Al fin y al cabo, es más fácil vivir así, echándole la culpa a los demás, o al menos es lo que nos enseñan muchas veces desde bien pequeños.

Esta forma de ver la vida sólo puede traerte infelicidad y problemas. Es mejor cambiar el chip y tomar las riendas de tu vida, hacerte responsable de todas tus decisiones y ser consecuente con ellas. En el caso concreto de nuestro estado de forma, debemos admitir que si no estamos físicamente todo lo bien que podríamos estar es porque no hemos hecho lo suficiente por mejorar. Recuerda que tu cuerpo no te controla sino que tú puedes controlar a tu cuerpo, así que haz todo lo posible por mejorarlo y disfruta de todo el potencial que hay dentro de ti. Tu salud te lo agradecerá y por supuesto, tu autoestima, con todos los beneficios que ello supone para tu vida social y para tu propio crecimiento personal.

Los duros comienzos

comienzos del culturista

Hemos cambiado nuestra mentalidad y estamos dispuestos a coger las riendas de nuestra vida. Sin duda alguna vamos por buen camino, pero hace falta dar el siguiente paso, uno de los más complicados: comenzar a trabajar.

Los comienzos nunca suelen ser sencillos, tengamos en cuenta que empezar a entrenar o incrementar nuestro entrenamiento hasta un nuevo nivel de exigencia requieren una buena dosis de motivación, mucha energía y fuerza de voluntad, facultades que evitarán que nos derrumbemos antes las primeras adversidades.

Lo primero es empezar, cuanto antes mejor, no puedes estar esperando continuamente a que llegue el momento oportuno, una época de tu vida en la que creas que vas a tener más tiempo, ganas o capacidad para entrenar. Ese momento nunca llega, la realidad es que no hay mejor momento que ahora mismo para empezar a trabajar, así que deja de postergarlo y comienza de una vez.

Quizá no te consideras lo suficientemente fuerte como para emprender el proyecto que tienes en mente, ya sea empezar a entrenar, incrementar tu rutina de trabajo, perder peso, mejorar tu alimentación o lo que sea, pero la realidad es que no lo sabes. Siempre tendemos a ponernos en lo peor, a subestimarnos de una manera terrible, así que limítate a empezar a trabajar con todas tus fuerzas y deja que la inercia te vaya empujando hacia delante.

No pierdas de vista la meta que te has puesto, te ayudará mucho a mantenerte en tu camino, el objetivo que te has marcado merece la pena y el simple hecho de intentarlo ya te honra. Aún así, no te conformes, no quieras solamente intentarlo, ve a por ello con todas tus ganas y sigue luchando por eso que tanto anhelas. Al final, te irás encontrando con pequeñas recompensas a mitad de camino que te demostrarán que todo lo que estás haciendo es por una buena razón y que seguir adelante es siempre tu mejor opción.

Sé constante, sé perseverante

bruce lee derrota

Igual de difícil que es empezar también lo es mantenerse constante en el entrenamiento. Son muchos los que empiezan a entrenar muy decididos, con muchas ganas e ilusión, pero a medida que pasan los días esa ilusión y motivación inicial se van diluyendo y las ganas de ir a entrenar empiezan a disminuir, ya sea porque el entrenamiento nos aburre, porque nos exige demasiado o porque nos cuesta mucho ser regulares en algo.

Siempre supone una buena ayuda el plantearse pequeños retos que nos motiven y que podamos conseguir a medio plazo, así la óptica de alcanzarlos en los próximos días nos mantendrá entretenidos y con la mente bien enfocada. A cada reto completado mayor autoestima, mayor satisfacción y por supuesto, iremos mejorando nuestra forma física en el proceso, con lo que nos encontraremos un poco más cerca de estar en disposición de afrontar retos un poco más exigentes.

Otro buen consejo, que solemos dar a menudo, es entrenar con algún compañero, ya sea en el gimnasio para hacer pesas, al salir a correr o en cualquier actividad deportiva que se nos ocurra; todo es mucho más entretenido y llevadero si tienes alguien con quien compartir la experiencia. Por no hablar de que, en el caso concreto de levantar pesas, el tener un compañero te facilitará mucho las cosas y te permitirá realizar ejercicios que de otra manera te serían casi imposibles de realizar o, al menos, de una manera segura.

Sin embargo, aún poniéndote retos o buscándote compañeros de entrenamiento, sólo tú tienes la clave de tu éxito, no podrás alcanzar tus metas si no eres disciplinado, si no eres constante y te esfuerzas adecuadamente cada vez que toca entrenar. La disciplina y la constancia son atributos esenciales en todas las facetas de nuestra vida, de hecho, tenemos que aplicarlas en otras tareas relacionadas con mejorar nuestra salud y estado de forma. Por ejemplo, a la hora de mantener una dieta equilibrada, a la hora de respetar los periodos de descanso, a la hora de respetar los horarios de las comidas o la hora de irnos a la cama y de levantarnos cada mañana. Cuanto más disciplinados seamos, más enérgicos nos sentiremos y más capaces seremos de “comernos” el mundo entero.

Problemas concretos I: No consigues ganar volumen

no ganar volumen

Este problema es muy común entre aquellas personas que entrenan regularmente en el gimnasio, de hecho ya le dedicamos un artículo entero al tema en anteriores entradas del blog. Recomendamos a los más despistados volver a echarle un vistazo a dicho artículo pero, aún así, vamos a refrescar un poco la memoria y comentar algunas de las causas típicas a las que se debe tal comportamiento muscular.

Una de las causas típicas de no conseguir toda la masa muscular que deseamos es no ingerir una alimentación lo suficientemente abundante y sobre todo, rica en proteínas y grasas “buenas”. Al fin y al cabo, el músculo se construye a partir de la grasa que tenemos acumulada en nuestro cuerpo, por tanto, si no tenemos un mínimo de grasa corporal será realmente difícil incrementar nuestro volumen muscular. Así que si crees que este es tu caso, realiza una modificación en tu dieta y trata de aumentar la ingesta de carnes, pescados y otros alimentos ricos en proteínas y determinados nutrientes recomendables para potenciar el crecimiento muscular. En su momento, hablamos de la proteína del suero de leche o “whey protein”, la proteína de huevo, la soja y muchos otros. Por supuesto, acude también a los numerosos suplementos nutricionales de calidad que hay en el mercado y que te aportarán ese aporte nutricional que te falta.

También vimos que seguir un correcto descanso es esencial para conseguir que nuestros músculos puedan reponerse adecuadamente y por tanto, continúen con su crecimiento natural. Esto significa que tenemos que dormir bien todos los días y dedicar, al menos, uno o dos días a la semana a descansar o entrenar de una forma mucho más ligera. Cada persona es distinta y no todo el mundo necesita dormir lo mismo pero se suele afirmar que lo recomendable es dormir entre 7 y 8 horas al día y a poder ser, de forma continua.

Con respecto a establecer los descansos semanales a la hora de entrenar, hay varias opciones pero lo más típico es entrenar dos días y descansar uno aunque también hay gente que se dedica a entrenar de lunes a viernes y el fin de semana lo emplea para descansar y hacer otras cosas. Cualquier opción es válida con tal de que descanses lo suficientemente bien como para estar al 100% cuando llegue el momento de entrenar.

Otra causa típica para no conseguir los músculos deseados es la falta de intensidad en el entrenamiento ya sea porque no utilizamos los pesos óptimos, aquellos que nos pongan a prueba con el suficiente nivel de exigencia pero sin poner en peligro nuestra integridad, es decir, que nos permitan desarrollar los ejercicios de manera correcta y sin forzar demasiado, ya que si no podemos acabar provocándonos dolores musculares o peor aún, lesiones de diversa gravedad.

Sin embargo, cuando hablamos de intensidad también nos referimos a la manera de entrenar. De nada sirve estar dos horas en el gimnasio si nos tiramos más tiempo descansando o hablando que entrenado. El secreto es estar en el gimnasio el tiempo justo, es decir, entrenar al máximo y dejarlo en cuanto notemos que la fatiga hace acto de presencia y nuestros músculos empiezan a fallarnos. En ese punto, lo mejor es recoger e irse a casa, ya hemos trabajado lo suficientemente por ese día.

Recordemos que la hipertrofia, el proceso por el cual las fibras musculares se rompen para posteriormente volver a unirse y construir un músculo de mayor tamaño y fuerza, tiene lugar cuando trabajamos lo suficientemente como para llevar a un alto nivel de exigencia a nuestros músculos. Todos recordamos las típicas agujetas que todo el mundo sufre la primera vez que entrena y no estamos diciendo que haya que llegar a ese punto, pero si tendríamos que acabar realmente cansados para tener la seguridad de que estamos trabajando correctamente.

El ejemplo contrario es el del llamado sobre-entrenamiento que aparece cuando entrenamos más tiempo del debido, cuando lo hacemos levantando más peso del que realmente tendríamos que levantar o cuando entrenamos un mismo músculo/grupo muscular de manera más seguida de lo recomendable. No sólo puede llegar a ser contraproducente, impidiendo que consigamos aumentar nuestro volumen, sino que, en casos extremos, podemos incluso provocar la pérdida de masa muscular. Así que mucho cuidado, lo mejor suele ser buscar el término medio.

Problemas concretos II: No consigues la definición que te gustaría

Pectorales

Otro problema típico de los que acuden al gimnasio asiduamente para entrenar es el hecho de que, aun ganando masa muscular, no consiguen definir sus músculos tanto como desearían. Este problema llega a obsesionar a muchas personas, llevándoles a perder las ganas de seguir entrenándose por considerar muy difícil cumplir este particular objetivo.

La principal causa de no conseguir una buena definición suele estar en el hecho de que nos sobra grasa corporal, puesto que ésta nos impide definir los músculos correctamente. Sabemos que se necesita grasa para conformar el músculo pero ésta se debe hallar en nuestro cuerpo en la medida justa, si de lo que se trata es de definir los músculos que ya tenemos.

No queda otra que intercalar nuestro entrenamiento anaeróbico con otras sesiones de ejercicio aeróbico que nos ayude a perder todo ese tejido adiposo que nos sobra y controlar mejor nuestra dieta habitual, para que incluya una menor cantidad de alimentos que pueden estar provocando este superávit de grasa en nuestro cuerpo, principalmente alimentos ricos en azucares, hidratos de carbono simples y glúcidos en general.

En anteriores artículos, hablamos de técnicas para quemar grasa de forma óptima y lograr estar todo lo fibrosos que nos gustaría. Por tanto, recomendamos volver a echarle un vistazo a éstos, de modo que aclaremos nuestras ideas a la hora de alcanzar este objetivo particularmente costoso.

Problemas concretos III: Alguna situación adversa te ha desanimado

desanimo en el gimnasio

Tal vez tu problema concreto ha sido que se ha producido alguna situación en tu vida que te ha desanimado o que has sufrido alguna experiencia negativa que te ha quitado la ilusión por seguir entrenando. ¿Te has comparado con alguien que lleva entrenando el mismo tiempo que tú o menos y has salido perdiendo? ¿Tus compañeros del gimnasio te han dejado de lado? ¿Sufriste una lesión importante y tienes miedo de volverte a lesionar? ¿Tu gimnasio habitual está demasiado lleno o se respira en él un ambiente que no es de tu agrado?

Sólo tú sabes qué situación o problema has vivido, que te ha llevado a dejar de entrenar o a hacerlo con muy pocas ganas, pero recuerda que debes entrenar sólo para ti no para impresionar a nadie ni para demostrar nada. El propio hábito de entrenar y estar en forma merece la pena, las metas que vayamos cumpliendo son un añadido más pero el proceso en sí ya es una recompensa, nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos, a estar más enérgicos y a afrontar nuestra vida con otra actitud.

No dejes que ningún fracaso o experiencia negativa te desanime. En nuestro entrenamiento, como en todo en esta vida, siempre hay obstáculos, inconvenientes y caídas, del mismo modo que también hay buenos momentos, pequeños premios y grandes subidones. Es cuestión de rachas, algunas son buenas y otras son malas pero ninguna dura para siempre, así que lo mejor es actuar de una manera equilibrada: ni exaltarse demasiado cuando todo va genial ni hundirse absolutamente cuando la vida nos sonríe un poco menos. En la mesura siempre suele estar la clave.

Debemos aprender de todo este proceso, tanto de lo bueno como de lo malo. Sólo así, estaremos preparados para superar cualquier adversidad. Levántate cada vez que sufras una caída, sigue adelante siempre, por grandes que parezcan los problemas. La vida siempre sonríe a los luchadores y al final, toda esa perseverancia y constancia tendrán su merecida recompensa, tenlo bien claro.

Conclusión final: Olvida tus límites

no hay límites

De este articulo podemos sacar varias conclusiones pero una de ellas, quizá la más importante, es que somos nosotros mismos los que nos ponemos los mayores límites, llenamos nuestro camino de trabas que en la mayoría de los casos sólo están en nuestra mente, son meras ilusiones.

Está bien conocer nuestras limitaciones para saber dónde estamos a día de hoy, pero los límites existen para ser rebasados, así que no te enfoques en ellos, desafíalos  y ponlos a prueba continuamente. No te quedes nunca con la duda de si eras capaz de conseguir cierta hazaña, ve a por ella con todas tus fuerzas y grita para tus adentros que eres capaz de conseguir cualquier cosa que te propongas. Recuerda que el primer paso para lograr el éxito es creer en ti mismo.

Olvídate de las excusas, las excusas son poderosos impedimentos que te impiden conseguir todo lo que quieres en esta vida, elimínalas de tu vida y serás mucho más feliz, serás libre.

Organiza mejor tu tiempo y dedícalo a aquello que realmente te llena. Querer es poder, así que, si realmente quieres mejorar tu estado físico harás por sacar tiempo de donde haga falta.

Deja de comportarte como una víctima, no culpes al mundo de tus desgracias, no te enfoques en ellas, céntrate en tus puntos fuertes y sácales el mayor partido. Toma las riendas de tu vida y supera cualquier adversidad que se presente en tu camino. No esperes a que nadie solucione tus problemas por ti, sé proactivo, adelántate a los acontecimientos y evita caídas innecesarias.

De ahora en adelante trata siempre de ser positivo, quiérete bien, entrena fuerte, come sano y cuídate sólo por respeto hacia ti mismo, por amor propio, no porque lo diga nadie ni por demostrar nada. “Mens sana in corpore sano” que decían los antiguos griegos y tenían toda la razón del mundo. Procura equilibrar tu mente del mismo modo que tratas de poner en forma tu cuerpo en el gimnasio y de esta manera, no habrá nada que te detenga.

Ya sólo te queda llevar a la práctica estos múltiples consejos. Coge aquello que más te interese o que más te convenza y deshecha el resto, si así lo crees oportuno. Lo importante es que, a partir de ahora, no te vuelvas a plantear tirar la toalla por falta de motivación o ilusión. Quien no permanece fuerte y animado es porque no quiere, así que adelante, ¡tú puedes con todo lo que te echen!

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